Urueña “Villa del libro”

Publicado: 7 enero, 2015 en Sin categoría

La muy noble villa de Urueña, de antigua historia bien datada, cuentan las crónicas que un día del invierno del año 1157 y según confirma su existencia la tradición algunos años antes, ya que en tiempos del rey castellano Sancho III “el deseado” 1157.1158 un romance alude a la prisión y muerte que en la fortaleza de dicha villa sufrió el noble conde don Pedro Vélez al haber sido encontrado en una situación comprometida con una prima de dicho monarca. El romance decía lo siguiente:

Alterada esta Castilla
por un caso desastrado,
que el conde Pedro Vélez
en Palacio fue hallado
con una prima carnal
del rey Sancho “el deseado”.
Las calzas a la rodilla
y el jubón desabrochado.
La infanta en camisa
echada sobre un estrado
casi medio destocada
con el rostro desmayado.
de modo que el Rey estaba
en suspenso y muy alterado.
Para darle castigo
a la muerte le han condenado.
Los grandes dicen que cese
el juicio acelerado.
El caso pide castigo
No lo permite el Estado
porque era conde en Castilla,
gran señor y emparentado;
de suerte que por el Rey
fue el juicio conmutado
de darle perpetúa cárcel
para lo cual fue llevado
en el castillo de Urueña
adonde fue entregado
a Pedro Peranzules Osorio,
merino mayor llamado.
Y con gran solemnidad
juramento le han tomado,
que no le muestre la persona
sino al Rey o a su mandado.
No le den cosa ninguna
dónde pueda estar echado,
y de cuatro en cuatro meses
le sea un miembro quitado,
hasta que con el dolor
su vivir fuese acabado.

Cuba, cubanos y todos los demás

Publicado: 28 diciembre, 2014 en Sin categoría

Claman por la “libertad” los que no quieren la Cuba de Fidel Castro. La libertad no se come, no se bebe, no se respira, no tiene cuerpo, no ocupa lugar alguno en el espacio. Es un concepto abstracto perfectamente usable hasta por el más abyecto de los justos. Si alguien quiere un poco más de esa “libertad” mi parte la regalo,- dijo aquella mujer.

Eso por un lado,- añadió. Fidel Castro hizo y ganó una revolución. Impuso una nueva sociedad. Él y quienes les siguieron tenían perfecto derecho, del mismo modo que los aliados impusieron su modelo en Europa después de ganar una guerra. Los que se muestran “solidarios” con los que pasan estrecheces en Cuba, no son más que simples cantamañanas. Aquellas personas no daban pábulo a lo que estaban escuchando. Alguien dijo en voz baja. ¡Así es carajo!

O es que Cuba es el único barrio del mundo en el que suceden esas cosas. Los EE.UU. reparten por el globo el mayor número de injusticias que todas las civilizaciones del mundo juntas hayan contemplado. A cuento de qué tanto “bua, bua, bua”. No es el gobierno de Cuba el que impide que se coman bocadillos. Es el bloqueo del resto del mundo el que lo impide. ¡Pesaos!.

Y luego se disolvieron. Regresó el silencio y cada uno recuperó lo que siempre pensó.

La revolución de Nicomedes

Publicado: 27 octubre, 2014 en Inverosímil, Sin categoría

Hace treinta y cinco años tuve un novio comunista (LCR) en Londres. Yo le admiraba por la intensidad de su devoción. Y le quería mucho. Nos separamos porque no quiso comprar un colchón nuevo. Ahora, va a venir a España, se va a instalar en Carabanchel, buscará un local y, desde ahí hará la revolución, dice.

Dice que el mes que viene comienza una segunda recesión económica mucho más intensa y destructiva que la primera. Dice, que terminará de una vez por todas con el Estado del Bienestar, con los servicios sociales y con la totalidad de las clases medias. Dice que España quedará reducida a pura miseria, gobierne quien quiera que esté en el gobierno, y se haga lo que se haga. Sólo se salvarán los ricos, que lo serán cada vez más. 

Esta es una oportunidad única para hacer la revolución,- afirma. Y yo seré quien la lidere,-asegura. Sólo necesito a treinta jóvenes revolucionarios conmigo. No me ha dicho dónde tienen que apuntarse. Pero me ha dicho que le gustaría mucho contar con Pablo Iglesias en el partido que piensa montar. A lo mejor los busca él mismo,  los examina y los alecciona él mismo. Uno a uno.

Dice que los pobres de “Podemos” se verán desbordados y terminarán desapareciendo porque, dice, que sus militantes, al igual que todos los militantes del mundo, sólo sirven para aplaudir y hacer bulto cuando no se les exige nada y no hay peligro de nada a la vista; y que los demás partidos intentarán salvar sus intereses haciendo lo que siempre han hecho: buscar nichos cómodos en los que ver pasar la tormenta mientras se llenan la boca con promesas y mentiras.

Mi ex novio ha estado viviendo durante los últimos treinta y cinco años en Inglaterra, pero su madre es gallega y tiene familia y amigos en La Coruña. Dice que adora España. Adora España porque dice que es diferente y que los españoles somos como gitanos, como moros, como bandoleros y todo eso, y que por ser así, precisamente, todavía podemos hacer la revolución. En los demás países no.

Dice que en Inglaterra hacer la revolución o decirle a los trabajadores que se rebelen contra las instituciones es imposible porque adoran a su reina abuela y a todos los que forman parte del gobierno, y que también apoyan muchísimo el sistema social que tienen. Dice que lo adoran todo. Bueno, yo creo que todo no porque España está lleno de ingleses: jubilados y no jubilados, y a todos les encanta el maldito Sol picante que tenemos aquí. Y lo mismo pasa con los alemanes, los franceses, los holandeses, los belgas etc.

Algunos amigos le hemos preguntado por qué no ha venido antes a dirigir la revolución, y nos ha dicho que todavía no era el momento porque mientras las masas tengan un cacho de pan que llevarse a la boca no saldrían a la calle. ¿Y el miedo?. La gente ya no tiene miedo, dice.

Le hemos replicado que la conciencia está para algo y nos replicado que ni las masas ni las clases medias tienen conciencia. Carecen de ella. Que la conciencia de la gente es la barriga. Que la conciencia es una tortilla de patatas que vuela. Dice que cuando la barriga de los trabajadores y de las clases medias esté vacía y no tengan nada para llenarla entonces les entrará la conciencia y entonces él estará ahí para decirles lo que tienen que hacer.

Y entonces hará la revolución, dice.

El amo consternado

Publicado: 28 agosto, 2014 en Sin categoría

El amo consternado

No dejo de salir de mi asombro. Han pasado ya tres días y aún sigo consternado. Evito ir al psicólogo porque no creo que me pueda explicar lo que me ha pasado, y además me tomaría por una de esas personas que ahora se quejan tanto de todo. Y yo soy más bien discreto. La gente cree que pensar es malo y que las cosas que no se comprenden son también malas. pero yo creo que eso no tiene por qué ser así.

Por eso prefiero contarlo aquí, donde nadie lo va a leer ni se va a enterar; pero yo, al menos, lo sacaré de adentro y me desahogaré.

El caso es que hace tres días mantuve una conversación con mi gato. Era miércoles y venía yo del cine. Ya, al acercarme al portal oí una voz muy penetrante y fina que procedía de la terraza de mi casa, en el cuarto piso, y que me llamaba a voces, “Evaristo”, “Evaristo”. Yo miré para arriba extrañado pero no vi nada, así que seguí mi camino y cuando llegué a mi casa y abrí la puerta, la misma voz que había oído antes dijo:

– No va el aire acondicionado amo. ¿Piensas hacer algo para solucionarlo?.

Era una voz atiplada, como de señorita. Demasiado lastimera y fina para ser de una chica. Y si era una chica tenía que ser muy jovencita y menuda.

En efecto, noté enseguida que el aire acondicionado no funcionaba, pero tras esa constatación, mi cabeza pareció volverse loca porque enseguida me pregunté de quien era esa vocecilla, y miré por todas partes hasta que vi a mi gato acercarse por el pasillo. ¡Era él!. Increíble.

Tengo una gatita IMG_0124muy “guapa” debe decir; con el pelo de cuatro colores: marrón, negro, pardo y blanco; y unos ojos preciosos muy expresivos que parecen hablar.

Todo lo comprendí al instante. Me pareció lógico que se quejara, o mejor dicho, que se hubiera percatado de que el aire no funcionaba. El pobre no puede desembarazarse de la densa mata de pelo que le cubre y tanto en invierno como en verano necesita el aire acondicionado para mantener su cuerpo en la temperatura adecuada.

De momento,- le dije hablando en plural-, vamos a desconectar el diferencial del cuadro durante media hora, luego lo encenderemos y entonces veremos si es el aparato el que se ha roto.

Zacarías,- yo la llamo con nombre masculino y nunca me refiero a él en femenino porque el género de los animales no los define-;  me miró condescendiente desde el suelo. Luego se dirigió a su sillón favorito, lo olisqueó, saltó al piso y se tumbó con la panza en las baldosas. Sus bonitos ojos me miraban con dulzura, casi con lástima. Yo le miraba a él con verdadero cariño sin que se me apagase el asombro.

– Amo, tu necesitas el aire acondicionado para estar fresco y no sudar. Recuerda que padeces una alergia urticante A éste clima húmedo.

Le escuché con la boca abierta. Embobado. Casi enajenado. Esto no podía estar pasando.

– Si, ya lo sé,- le dije, como si contestarle fuese, en mi, algo de lo más corriente.

– No pienses en mí,- dijo él. Por mí no debes preocuparte. Yo no tengo glándulas sudoríparas; y el pelo me protege tanto del frío como del calor.

Un contenedor y el Papa (Francisco)

Publicado: 25 agosto, 2014 en Inverosímil
Etiquetas:

Esta mañana he visto a un Papa con medio cuerpo dentro de un contenedor de basura. No he podido saber con certeza quién era porque no he conseguido reconocerle, pero como veo la tele y sé la cara que tiene Francisco, me ha parecido él.
Al principio me ha sorprendido porque mis ojos,-ya mayores-, no están acostumbrados a ver a ningún cura rebuscar así en contenedores callejeros de basura. Más bien los veo y los imagino en las iglesias dando misa o ante las cámaras de Tv, diciendo cosas sobre los pobres.
Pero esta mañana,-tiene que ser él-, he visto al mismo Papa. Tenía un gancho de hierro en la mano y, con medio cuerpo dentro, golpeaba la basura, seguramente para sacar algo. Iba vestido todo de blanco pero con muchas manchas y tiznajos, y llevaba el casquete sobre la cabeza. Pero al meterse se lo quitó con cuidado y lo guardó en un bolsillo.
Parecía muy empeñado porque, cuando se incorporaba al pie del contenedor, miraba con mucho interés hacia un lado y otro como buscando una bolsa o algo con lo que acarrear lo que iba sacando.
Yo no sabía qué hacer. Vivimos ahora en una sociedad tan rara que dudaba entre acercarme a él para preguntarle si le podía ayudar o alejarme de allí para no molestarle. Era una calle de esas estrechas del centro de la ciudad y estaba bastante vacía porque hace mucho calor.
Al final seguí mi camino y cuando volví la cabeza antes de doblar la esquina, vi a dos monjas que le ayudaban, solícitas, a salir del contenedor.

Agosto del año 2014

La ciudad inverosímil

Publicado: 25 agosto, 2014 en Sin categoría

La ciudad inverosímil. Programa de radio pasado ya